martes, 16 de abril de 2013

26.- La Perseverancia



26.- La Perseverancia

 Como se cree dios y mas que Dios, el adversario considera que debemos adorarlo, obedecerlo, servirlo, satisfacerlo, y es así que impone, demanda, exige y luego si no lo obtiene, acusa, persigue, odia y maltrata, es como un nene celoso, caprichoso, maldito y maleducado que en su egoísmo, solo piensa en satisfacerse, en conformar su propio orgullo-abismo-muerte.

 Considerar que esta completamente delirante de orgullo y plenamente convencido de sus delirios, por ello se siente rechazado y considera despreciado y ahí se cree habilitado para odiar cuando no lo obedecemos y no nos dejamos someter, dominar, cuando no somos el esclavo servil, adulador y lisonjero que su orgullo abismal reclama, quiere y exige.

 Considerar que no somos muy diferentes, y si padecemos su acoso, es porque, justamente somos iguales, no somos del todo puros, perfectos, espirituales, santos, tenemos que dejar de hacer a Dios y a otros lo que padecemos y no nos gusta que nos hagan a nosotros.

 Esta es la razón por la que tenemos que empezar a orar y buscar, preguntarle al Señor donde se halla nuestro orgullo-rebeldía reclamando satánica satisfacción y donde estamos dejando de estar unidos a Dios, a Su Voluntad, porque remediando esto, nos libramos del acoso infernal.

 El problema es que no oramos, y si lo hacemos, lo hacemos mal, no queremos escuchar al Señor y perdemos el tiempo, cumplimos y no obedecemos, es decir, ejecutamos actos sin poner el corazón, la voluntad y sin llegar un verdadero y profundo cambio, entregándonos igualmente al adversario mientras que, incluso creemos servir a Dios, pues obsesivamente seguimos pensando en nosotros, en satisfacer el orgullo y alcanzar humana consolación, reconocimiento, aceptación.

 Constantemente nos golpea el adversario, intenta derribarnos, porque quiere llamarnos la atención, quiere lograr que lo adoremos a él y lo obedezcamos, y tanto o mas celoso se vuelve cuanto mas elegimos a Dios, mas hierve en sus deseos infernales de ser adorado y elegido, y por ello mas nos maltrata.

 Nos acusa, nos hace sentir-creer culpables, y con sus acusaciones capciosas, reclamos, con su veneno, nos hace dudar y hasta creer que obramos mal cuando obedecemos a Dios, por ello es que tenemos que orar hasta encontrar la Verdad, alcanzar la Revelación, para que pueda El Señor defendernos, para darle el lugar para Que Venga a Socorrernos.

 Son insidiosas y sumamente venenosas las acusaciones y reclamos celosos del adversario, confunden, hacen dudar del camino que seguimos y d las decisiones adoptadas, por ello es necesario orar y perseverar hasta ser Iluminados por El Señor y Fortalecidos por su Espíritu, verdaderamente defendidos y Socorridos por Dios, para que podamos Perseverar en El Camino de la Revelación de la Divina Voluntad.

 Solos no podemos persevera, es astuto el enemigo, nosotros tenemos miedo y somos ignorantes acerca del combate espiritual, por ello, nos traicionamos incluso suponiendo que hacemos el bien o que obramos por y para Dios, de ahí que debamos seguir el consejo evangélico, del Señor, que dijo orar siempre y sin desanimarse y perseverar hasta el fin para ser Salvados por Dios.

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