viernes, 19 de abril de 2013

29.- VICIOS CAPITALES ESPIRITUALES



29.- VICIOS ESPIRITUALES

 Miramos obsesiva, angustiante y desesperadamente lo que queremos, lo que tememos, lo que no tenemos lo que no queremos, etc., tales cosas no son mas que expresiones del miedo-vacío interior, de la falta-ausencia de Dios, de la preocupación por sí mismo, de la muerte interior, de la poca voluntad que tenemos de amar y de la desesperada obsesión por lograr ser amados, aceptados, adorados, tomados en cuenta.

 Ahí es que somos presas del adversario y éste nos manipula como se le antoja, ahí nos vuelve soberbios, porque nos dice que soso grandes, importantes, aprovecha el autodesprecio que es propio del vacío, del derrumbamiento interior, de la debilidad, de estar como una bolsa llena solo de aire, vacía, porque no amamos, no obedecemos, ni nos interesa.

 En el abismo de autodesprecio, el enemigo nos seduce, engaña, busca que confiemos en nosotros mismos, y nos parece seguro, así es que así es que empezamos a juzgar, decidir y creer que lo hacemos solos y bien, por y para nuestro bien, no viendo que desde las sombras nos aconseja el adversario y que en el abismo del miedo y en la preocupación, el que sugiere pensamientos e impone sentimientos es el enemigo arrastrándonos a que nos elijamos, que obremos como animales, por instinto de conservación y defensa, creando una falsa seguridad, que es esa fingida confianza en sí mismo y teniendo la fuerza del desprecio como si fuese fortaleza, volviéndonos odiosos, arrogantes, mas que soberbios, engreídos, déspotas y tiranos avasalladores.

 En la misma arrogancia con la que nos movemos esta la expresión del miedo, queremos infundir miedo para intimidar y hacer retroceder, queremos que nos teman y obedezcan para exigir que nos adoren y sirvan, y esto es para creernos amados, para imponer que nos acepten y no nos rechacen, no nos desprecien, no nos maltraten que es la raíz del miedo, del egoísmo, de la preocupación por sí.

 La soberbia esta en ese querer creer que solos podemos decidir, juzgar, saber, entender, elegir. La lujuria esta en el buscar ser aceptaos, en el imponerlo, en el constante querer vencer, dominar, someter, ganar, en el no dar libertad alguna, en el no permitir a otros opción.

 Ambos vicios los cometemos primero contra Dios, son el espíritu que nacen, porque prescindimos de Él juzgando con miedo lo que nos conviene y dejándonos manipular-engañar por el adversario, y luego, queremos dominar, someter, vencer e imponernos, a Dios, hacerle creer que es bueno lo que con y por miedo juzgamos como tal siendo completamente ciegos e ignorantes de la verdad, ajenos a la realidad, mirando todo desde el abismo del miedo, de la preocupación por sí mismo y obrando por defenderse, protegerse.

 Acá es que caemos en el tercer vicio, la avaricia o egoísmo, que no solo es terrenal, material, como todo vicio, tiene su raíz en la separación de Dios y en el entregarse al adversario al elegirse a sí mismo, pues nos volvemos avaros al no darnos a Dios y al exigirle a Él que se de a nosotros, no lo queremos aceptar, pero, le imponemos que nos de todo y que nos acepe, y para colmo de males, completamente orgullosos-ciegos, y por ello convencidos de nuestras mentiras-delirios, en el abismo del egoísta-avaro, la culpa siempre es ajena, él es un santo inocente, una pobre víctima de las circunstancias, cuando en realidad es un egoísta que busca con mentiras no dar de sí, no ceder, no reconocer nada, sacar y obtener todo de todos, porque esta completamente hundido en su abismo de miedo. El avaro es como si dijera, ‘dame porque me debés, porque me corresponde, porque todo tiene que ser mío’, a la vez que dice, ‘no te doy nada porque no te lo merecés, no te corresponde’, con orgullo, desfachatez, convencido de sus delirios caprichosos.

 El cuarto vicio en el incurrimos, o del que nos enfermamos, que sufrimos al separarnos de Dios es la ira, vicio que viene a ser como la médula espinal, el nervio, la fibra de todos los vicios, esta presente en los siete vicios capitales, y los alimenta, porque es un espíritu como todo vicio, un fuego, un ardor, algo que es como una llaga en el alma y que mana furia. Dependiendo del carecer de la persona, es como se vuelca, explota, porque es como la lava de un volcán, si la persona es introvertida, se odia a sí misma, si es extrovertida odia a todos, y si es intermedia es lo que se llama ‘bipolar’ en estos tiempos.

 El quinto vicio, la quinta enfermedad espiritual, el agujero o abismo que se hace n nuestro interior al rechazar el Don-Amor-Revelación de Dios, el espíritu que surge, es la pereza, que no es solo vagancia, pesadez, sino que es miedo, preocupación por sí, superficialidad, trivialidad, es un completo olvido de Dios donde el alma se vuelve histérica, manipuladora y obsesiva, domina, somete, obliga a que le presten atención y a que le hagan caso, porque así se siente segura, falsamente segura y logra satisfacerse, saciarse, conformarse, aliviar su obsesión que es ella misma, su miedo.

 El quinto se parece al segundo, a la lujuria, pues ambos dominan, someten y obligan, pero, el vicio de la lujuria lo hace con goce, por satisfacción en el vencer y dominar, en el someter y humillar, para ser superior, mientras que el vicio de la pereza lo hace para no moverse, para obligar a otros que hagan todo por él o por ella, pues todos tenemos un vicio dominante y que infunde ciertas características generales o inclinaciones, determina o inclina la conducta. El perezosos esta convencido de que tiene que servirlo, satisfacerlo y es también parecido al avaro.

 La pereza a veces engaña porque en la preocupación misma, el alma se vuelve histérica y obsesiva, entonces nadie diría que es pesada y perezosa, porque es muy activa, nerviosa e insoportablemente activa, pero, los vicios se juzgan siempre en relación con Dios, y el alma que es así, es completamente perezosa en el espíritu, olvidada de Dios, despreocupada de Él, aunque diga que todo lo hace por y para Él, debido que su exclusiva obsesión es ella misma.

 El sexto vicio es la envidia que consiste esencialmente en resentimiento y deseo de venganza venenoso, entrañable y caprichoso. Es este vicio-espíritu-vacío-llaga-enfermedad, como una persona frustrada, resentida, cínica y llena de odio, rencor, veneno que lo escupe-vomita siempre y con cualquier excusa, y solo por hacer sufrir a otros, aliviarse, descargarse del veneno ácido que le arde en las entrañas. Es como un adolescente resentido, caprichoso, odioso que quiere encontrar excusas para vomitar su odio y acusar a otros, no queriendo aceptar su propio orgullo, error y maldad, diciendo que todos son malos, y diciendo que es justicia lo que en realidad es venganza caprichosa, resentida y obsesiva.

 El séptimo vicio-espíritu-vacío, el veneno que surge o ardor en el interior, el vacío que clama satisfacción cuando nos apartamos de Dios y prescindimos de Él, es la gula, la que no es solo un deseo insaciable de comer hasta reventar, sino que este vicio consiste en esencia, en los celos enfermizos, miedosos, obsesivos, amargados y preocupados. El celoso finge interés, amabilidad, humildad, pertenencia, todo, pero, es un gran mentiroso y embustero, porque esta hundido en sí mismo en el mas oscuro abismo, plenamente convencido de ser dios, perfecto, bueno, ideal, por ello, solo quiere, espera, adoración, ser tomado en cuenta, aceptado, aunque finge no interesarle a tal cosa, y acaba siendo mas que pegajoso porque su abismo-miedo de ser rechazado, reclama, atrae como fuerza de gravedad a otros para succionarles la vida al obligarlos a que lo miren y le presten atención.

 El celoso, esta celoso de sí mismo, es mas que orgulloso y preocupado por sí, se adora a sí mismo y convencido de ser algo superior, se considera imprescindible, necesario, como si fuese un regalo de Dios para la humanidad cuando es el mas fiel hijo de satanás y un gran hipócrita, sumamente embustero que no hace mas que adorarse y decir lo que otros quieren ver-escuchar para lograr que lo admiren, acepten.

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