miércoles, 24 de abril de 2013

40.- TENER FE NO ES HABLAR DE DIOS, SINO OBEDECER A DIOS



40.- TENER FE NO ES HABLAR DE DIOS, SINO OBEDECER A DIOS

 Tener Fe no es saber sobre Dios, ni siquiera hablar a Dios, es dejar hablar a Dios, permitirle Que se Revele, dejarlo Ser y Hacer a Él, darle el control, el mando, permitirle ser verdaderamente quién Es, Dios, tenerlo por Señor, no solo de palabras, sino de verdad y con hechos, esto es, obedeciéndolo, y difícilmente lo vamos a obedecer si ni siquiera lo escuchamos, si no le prestamos atención, si no le permitimos Que Se Revele.

 Nos ahogamos llenos de miedo, angustia, preocupación en nosotros mismos, y decimos tener Fe, no vemos que nos engañamos, mentimos, porque, por el miedo mismo ni siquiera queremos escuchar o pensar que no tenemos Fe, estamos plenamente convencidos y encerrados en nuestro orgullo, desesperándonos por lograr que Dios nos acepte, adore, obedezca.

 Es al revés, somos nosotros los que tenemos que aceptar a Dios. No es engañamos porque decimos y queremos creer que lo hemos aceptado, no vemos que aprender sobre Él o hacer algo bueno diciendo que es por y para Él, o por y para el prójimo, no tiene nada que ver con la Fe Verdadera, es algo primario, infantil, pueden ser los primeros pasos, pero dista mucho de la Fe Real, Verdadera.

 Tenemos que empezar por pedirle al Señor humildad, una verdadera confianza, permitiéndole Que Se Revele, dejándolo a Él Ser y Hacer, expresar su Voluntad, y ahí obedecerlo, aceptarlo, permitiéndole de esta manera Que Viva y Que Reine, Que Este, Que Permanezca, Que Haga Su Voluntad en nosotros, cualquier otra cosa es caricatura, engaño, falsedad e hipocresía, un autoengaño orgullos-miedos del que difícilmente podamos salir, pues ahí eran aquellos a los que El Señor llamó, “Ciegos” porque no querían ver.

 Notar como fácilmente caemos en las trampas del adversario, pues éste nos provoca miedo, amenaza, ataca, golpea, insinúa, etc., por él mismo o por otros en derredor nuestro para que nos llenemos de miedo, de preocupación por nosotros, y ahí, ya no prestamos atención a nada, ni a nadie, solo queremos imperar, hacer nuestra voluntad, lo que nos parece conveniente, y luego, seguimos insistiendo que tenemos fe o que confiamos en Dios, no viendo que somos unos presuntuosos miedosos solo preocupados por nosotros mismos, caprichosos infantiles que se mienten a sí.

 La intervención de Dios en nuestra vida, es ahí donde justamente no confiaríamos en nadie, en eso que quisiéramos prevalecer, imponernos, reinar, imperar, ocuparnos nosotros mismos, donde nos hundimos preocupados por nosotros y nos desesperamos ansiosos tratando de hacer lo que nos parece conveniente.

 Hay cosas que no las podemos cambiar, modificar, y que solo las debemos aceptar, debemos soportarlas, llevarlas, tener paciencia, son La Cruz que nos toca, tal vez con el tiempo cambien, se solucionen o remedien, pero, actualmente no las podemos tocar, cambiar, modificar. Esto es lo que debemos dejar por cuenta de Dios y no desesperarnos por imponernos, sujetarlo o cambiarlo, pues cuanto mas queramos meter la mano, obrar por nosotros mismos, menos lo vamos a conseguir y mas nos vamos a enredar, no viendo que solo nos dedicamos miedosa y cobardemente por nosotros.

 Ahí esta la prueba de la confianza, donde debemos dejar a Dios libre, Ser y Hacer, Pasar, intervenir y ocuparse a su gusto y parecer, y es ahí donde debemos olvidarnos de nosotros mismos, pues para eso sirve tal situación, para que aprendamos a no ser tan miedosos, egoístas y solo preocupados por nosotros, para que aprendamos a no ahogarnos en un vaso de agua y para que aprendamos a tener Verdadera Fe.

 Tenemos que aprender a no ser el juguete del adversario, pues sopla, grita, aúlla, nos asusta y nosotros nos llenamos de miedo y volvemos locos haciendo cualquier cosa, siendo esta la forma en la que nos manipula o hace correr para divertirse él, y para apartarnos de Dios.

 El problema es que hay en nosotros un deseo de dominar-vencer a Dios que no hemos mortificado, entonces, puede trabajar el adversario para que se acreciente mas, y la forma es infundiendo miedo, o acrecentando el que ya tenemos. Considerar que el miedo es la preocupación por sí, el pensar en sí mismo y es algo instintivo, una autodefensa, el querer valerse por sí, una reacción incluso involuntaria, lo que nos acaba por convertir en bestias, y víctimas e nosotros mismos.

 Eso es también, fruto del rencor, porque es odio y deseo de venganza, es una peste, enfermedad espiritual, es ira, furia, un estar dispuesto a no padecer y a hacer cualquier cosa para lograr lo que queremos, no sufrir, no ser despreciados, odiados, maltratados, sea física, moral, afectiva o espiritualmente.

 No vemos que, con solo insinuar algo, el enemigo logra que explotemos, saltemos, reaccionemos, que acabemos hundidos en nosotros y obrando en contra nuestra suponiendo que lo hacemos a favor.

 Acá es que tenemos que confiar en Dios, porque Él nos quiere liberar verdaderamente, es decir, limpiar, purificar y conducir a vencer el miedo para que no seamos mas marionetas, títeres del adversario, para que podamos elegir o decidir libremente, y tal libertad de elección, la adquirimos no cuado caprichosamente hacemos lo que queremos, sino cuando aprendemos a dejar libre a Dios, a confiar en El Señor, a seguirlo en Su Voluntad, porque es donde nos lleva a vencer el miedo y liberarnos de su tiranía, y así del enemigo que nos manipula usando el miedo en contra nuestra.

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