miércoles, 24 de abril de 2013

41.- YO, YO, YO



41.- YO, YO, YO

 Considerar que el miedo es algo independiente dentro nuestro, es un instinto, y es un espíritu, es algo de lo que nadie esta libre, y al contrario, de lo que todos hemos llegado a ser presas, y es porque no lo hemos vencido, combatido, no comprendemos de que se trata, no sabemos ni siquiera vivir, solo perdemos tiempo y nos distraemos en el mundo, para acabar acrecentándolo.

 El miedo es la muerte, es la preocupación por sí, ese pensar en sí mismo, y es el constante decir, ‘yo, yo, yo’, es la misma voluntad propia y caprichosa, es la rebeldía contra Dios, esa independencia orgullosa, la autosuficiencia, el constante valerse por sí mismo.

 Lógicamente, por el miedo mismo, ni queremos admitir que lo tenemos o padecemos, fingimos que hay miedo en nosotros o que estamos libres, cuando en realidad, nos estamos mintiendo, engañando, y lo que es peor, nos estamos volviendo soberbios, mentirosos, dado que ahí es donde construimos la falsa seguridad, la que queremos demostrar y fingir ante el mundo, ese estar ‘súper-seguros’ de nosotros mismos, no comprendiendo que en realidad es ‘súper-inseguridad, miedo, preocupación por sí’.

 Encerrados, hundidos en nosotros, es decir, no haciendo otra cosa mas que pensar en nosotros mismos sin querer escuchar al Señor, el adversario nos presiona, asusta, va sembrando desconfianza, sugiere cosas como, ‘te perjudica’, ‘te va a perjudicar’, para que nos llenemos de miedo y preocupación, lo que, con el tiempo, se convierte en dudas, genera desconfianza y nos aparta de Dios.

 Hay algo peor, ese miedo y preocupación por sí, bajo presión, cuando nos hemos llenado lo suficiente, explota como bronca, odio, porque se convierte en deseo de dominar, prevalecer, controlar, es una catara de acusaciones furiosas, de reclamos y reproches que se libera intentando prevalecer sobre Dios u otros buscando la falsa seguridad de dominar, vencer, prevalecer, de obligar a que nos hagan caso y obedezcan, nos amen, acepten o no nos desprecien.

 La verdad es que tenemos que aprender a orar, a prestar atención al Señor, para que Él descubra las trampas y asechanzas del adversario y nos lleve a vencerlo, de lo contrario, hasta colaboramos en el enemigo en la propia perdición. Solos no vemos, no entendemos, no sabemos bien los lazo espirituales que so va echando el enemigo, no podemos defendernos, necesitamos confiar en El Señor, porque nosotros suponemos que el golpe del adversario puede llegar a venir por un lado, y como ocurre en toda guerra, eso es distracción, pantalla, cortina de humo, el golpe cae por otro lado.

 A veces, es peor, con el mismo miedo, nos provocamos nosotros la ruina hundiéndonos, ahogándonos, tratando de prevalecer sobre todos, queriendo imponer que nos miren, amen, presten atención, obedezca, etc., o acusando a otros de cosas no hicieron, ni hacen, ni harán, cosas que en el miedo nos imaginamos nosotros, o que nos las sugiere el adversario para que explotemos y reaccionemos como tontos, incluso colaborando con él en la ruina propia, y hasta en la de otros, aquellos a los que queremos controlar o a los que acusamos de perjudicarnos de alguna manera o amenazarnos.

 El peor enemigo lo tenemos adentro, es ese miedo-preocupación por sí, el constante mirarse o pensar en sí mismo, el querer buscar seguridad dedicándose a sí en todo momento, es un egoísmo exagerado que ha fermentado, que nos aplasta, y que es como grasa espiritual, ahoga, sofoca, ahorca y nos domina, obliga a que le respondamos, hagamos caso.

 La única solución-defensa contra el miedo Es La Fe, porque ahí El Señor nos purifica, corrige, libera, y la Fe Verdadera donde lo seguimos en El Camino de la Revelación, dado que ahí Él obra interviene, Pasa, y lo hace con Espíritu y Poder, porque como ya esta escrito, no es como los otros maestros que solo hablan, Él lo hace con Autoridad, la Autoridad de Dios, de Su Espíritu.

 No tenemos que dejarnos distraer, porque el enemigo busca con qué presionarnos, asustarnos, algo que nos preocupe, que queramos o no queramos para que nos dediquemos a eso o para que nos angustiemos y tratemos de conseguir o evitar algo y dejemos de prestar atención al Señor y de colaborar con Él en el Bien Verdadero Que Quiere Hacernos.

 Ésta es la razón por la que debemos aprender a buscar la Voluntad de Dios, Que Es La Base, Piedra, Fundamento de la Verdadera Vida Espiritual, Es El Principio del Reino de Dios, de Su Vida-Presencia-Reinado en nosotros.

 Considerar que, al hacer nuestra voluntad, en realidad estamos haciendo la del adversario, entonces, se va formando su reinado-presencia en nosotros, y es así como somos esclavos suyos mientras que, orgullosos, suponemos que somos libres, grandes, importantes, etc., incluso en religión, pues El Reino de Dios Viene a nosotros cuando El Señor Reina, cuando Hace Su Voluntad en nosotros, y vendrá al mundo, cuando eso sea generalizado.

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