sábado, 27 de abril de 2013

51.- LOS DOS MINUTOS DE ODIO



51.- LOS DOS MINUTOS DE ODIO

 El ‘yo’, ese ser infantil y caprichoso que se ha formado en nuestro interior, el cerdito déspota que nos domina y gobierna obligándonos a darle satisfacción a todos sus caprichos, llega un momento en el que esta convencido de su grandeza, superioridad, supuesta divinidad, a tal punto, que exige que le demos satisfacción y que lo hagamos en el instante.

 No nos da respiro, descanso, por ello es que esta escrito, ‘no habrá reposo ni de de día, ni de noche para los que adoran a la bestia o a su imagen’, porque este tirano que tenemos adentro, ha crecido, lo hemos engordado como a un cerdo, y delira, no soporta verse ignorado, reclama y exige que se le de el gusto en cualquier cosa solo para sentir que tiene el control, que tiene poder, que se le hace caso y que es tomado en cuenta.

 Considerar que lo estamos dejando crecer, acrecentar su poder, dominio, control, y estamos fundiéndonos con eso, nos estamos convirtiendo definitivamente en ese ser abominable, detestable, falso, hipócrita y embustero, sumamente soberbio, engreído  exclusivamente preocupado por él mismo, enteramente dedicado a él, a su imagen-apariencia, a su miedosa y desesperante obsesión por hacerse ver-notar.

 Esto se debe a que es hijo de satanás, es su veneno fermentando en nosotros, lo que ha crecido y fermentado por la rebeldía que deseamos tener contra Dios, y rebeldía, es el espíritu del enemigo, así es que es un demonio que tenemos adentro y lo que seremos si o lo empezamos a combatir, a limpiar, a purgar, si no nos dejamos liberar por El Señor.

 Si seguimos insistiendo con nuestra caprichosa voluntad, va a seguir creciendo, acrecentando su poder, su delirio y terminaremos irremediablemente fundidos y dominados, poseídos por el demonio que hemos gestado adentro, que es el mismo anticristo personal.

 Seguimos engrupiéndonos, mintiéndonos, convenciéndonos, engañándonos, y es porque queremos, porque no estamos dispuestos a buscar a Dios, Su Voluntad, Revelación, sino que estamos plenamente de acuerdo con el enemigo, queremos ser rebeldes, queremos hacer cualquier cosa menos obedecer.

 Tal cosa se verifica en relación con cualquiera en el mundo, y también respecto de Dios que es lo mas grave, somos caprichosos y rebeldes voluntariamente, porque queremos, pues suponemos que, haciendo lo que queremos, tenemos algún tipo de poder, control, autoridad.

 Este es el engaño del adversario, el poder que nos confiere sobre nuestra vida consiste en un poder de oposición, contra, rebeldía, en estar siempre en desacuerdo con Dios, por ello, aunque parezca y creamos ser dueños de nosotros, solo somos unos infelices soberbios que se jactan de su propia estulticia.

 No es poder real, es esclavitud real, y encima, como somos orgullosos, la defendemos ciegamente, no queriendo ver que es lo que nos esta arruinando, enloqueciendo, haciendo padecer.

 Nos encierra, ‘enrosca la víbora’, el enemigo, porque nos hace ver-creer que otros nos humillan, dominan, desprecian, etc., para que nos encerremos, aislemos, y para que generemos una voluntad propia rebelde, odiosa y resentida, y para que nos sintamos orgullosos de esa rebeldía, desprecio, maldad, odiando y culpando a otros, no llegando a ver la realidad, nos estamos ahorcando con la propia rebeldía, con el mismo odio que generamos.

 Considerar como las personas presionadas-controladas en la novela distópica, “1984”, de G. Orwell, eran llevadas para liberar la presión del dominio a ‘los dos minutos de odio’, donde se les indicaba a quién culpar, odiar, acusar y responsabilizar, par que después, pudiesen seguir colaborando con la opresión que padecían creyéndola libertad, es así como el adversario nos hace odiar a cualquiera y responsabilizarlo, mientras el que nos domina es él por medio de su infiltrado, el testaferro, nuestro yo-imagen-orgullo-amor propio-deseo de adoración.

 En definitiva, no tenemos que hacernos cómplice de lo que el enemigo quiere, no hay que dejarse llevar, no tenemos que acusar u odiar a otros queriéndolos responsabilizar cuando en realidad esta fermentando lo que hemos acumulado adentro, la rebeldía contra Dios, el desamor, el deseo de adoración, eso es lo que se esta sublevando y nos esta queriendo controlar, haciendo la guerra desde adentro y nos hace padecer.

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