miércoles, 3 de julio de 2013

6.5. FUENTES DE OSCURIDAD Y TINEIBLAS



6.5. FUENTES DE OSCURIDAD Y TINEIBLAS

 Si no queremos obedecer a Dios, no queremos amar a Dios en Verdad, de manera que acabamos por convertirnos en hipócritas, unos embusteros orgullosos que solo se preocupan por sí mismos y por hacerse adorar, servir, obedecer.

 Como no queremos amar a Dios, no buscamos Su Voluntad, no colaboramos en Que Se Revele, entonces, estamos como queremos, en tinieblas, y por ello padecemos como no queremos, como condenados, porque adoramos a satanás siempre que no adoramos debidamente a Dios.

 No queriendo obedecer a Dios, es hipocresía que digamos que lo amamos, nos engañamos, y peor aun es pretender hacer que otros nos crean, sigan y adoren, que también participen en esa mentira.

 Como no lo queremos obedecer, no lo podemos ver, pero, seguimos como tontos construyendo vanidades, hipócritas apariencias que queremos que sean admiras por otros y suponiendo que, al lograrlo, somos dioses o estamos salvados, cuando la realidad es que estamos esforzándonos por lograr una pre-condenación.

 La pre-condenación es cuando un alma consuma su perdición hallándose en el tiempo, es decir, no habiendo acabado su paso por el mundo, ya se encuentra irremediablemente perdida porque ha elegido al adversario como dios y señor, porque ha rechazado resueltamente a Dios y no solo se opone a Él, sino que persigue, oprime y esclaviza a otros, especialmente a los que lo aman. (Ver en ésta dirección: http://jorgeblojo11.blogspot.com.ar/2013/06/178-precondenacion.html
una explicación mas concreta al respecto).

 Si no aceptamos la Revelación de Dios, no estamos aceptando a Jesús, Su Hijo, El Enviado de Dios, Nuestro Salvador, pero, llenos de orgullo y presunción, decimos que amamos a dios pretendiendo engañarnos a nosotros y también hacerlo a otros.

 No nos estamos dejando Guiar por Dios, porque no queremos obedecerlo y porque en el fondo, la verdad es que no lo amamos ni tenemos intención de hacerlo, sino que somos unos cobardes que se preocupan solo por sí mismos y no nos interesa mas anda de nada, ni de nadie.

 Rechazando al Señor, impidiendo Su Revelación, estamos obrando como el que fue el pueblo elegido, repudiamos al Mesías, y así como lo hicieron ellos en su Primera Venida, nosotros lo hacemos en la Segunda, y como les fue a ellos, nos va a nosotros, es decir, estamos inundados de orgullo, llenos de amor propio, ahogados y naufragando en la propia putrefacción, degradación, corrupción infernal.

 No aceptando al Señor, no recibiendo al Salvador, no adorando a Dios e impidiendo por ello la Revelación, estamos en igual situación que satanás, recordar que fue ángel y se convirtió a sí mismo en demonio, porque no quiso aceptar la Verdad, ni quiso amar, sino que se desesperó por ser adorado, se comportó como un maldito caprichoso renegado, un desafiante lleno de orgullo y presunción que dice ser y poder mas que Dios, evidentemente, como un delirante, que, aunque se diga dueño de la verdad, es un maldito mentiroso, porque nadie es mas que Dios.

 Si no aceptamos a Jesús, El Hijo de Dios, El Mesías, estamos rechazando la Verdad y despreciando la Salvación, cosa que nos deja a merced del adversario y de todos los enemigos espirituales y terrenales que quieren nuestra perdición y se conjuran para lograrla.

 No queriendo recibir El Don de Dios, la Revelación de Su Hijo, quedamos atrapados en la mentira, perdidos en el orgullo, ahogados en el amor propio y también, indefensos contra los enemigos infernales, de los cuales llegamos a ser colaboracionistas en la perdición en la que quieren postrarnos, aquella que nos hacen construir a nosotros, pues una vida sin Dios es un sepulcro donde nos enterramos vivos para sufrir inútilmente.

 Nosotros elegimos ser rebeldes contra Dios, porque no queremos escucharlo, prestarle atención, obedecerlo, no queremos mirarlo, ni hacer el esfuerzo por colaborar en Su Revelación, que Es Su Vuelta, la Segunda Venida.

 Nosotros mismos estamos impidiendo El Bien Que Dios Quiere Hacernos, no podemos quejarnos del mal que los enemigos quieren hacernos, en el que, por otro lado, estamos colaborando.

 Rechazando la Revelación de Dios, nos imponemos a nosotros mismos como fuentes de la verdad, no viendo que así es como nos convertimos en fuentes de la mentira, nos hacemos a imagen y semejanza del adversario, fuentes de oscuridad y perdición, tinieblas y desolación.

 No aceptando al Señor, nuestro orgullo-miedo nos guía, y se cumple así lo que dijo El Señor, un ciego que guía a otro ciego y que por ello juntos, van al abismo eterno.

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