martes, 8 de octubre de 2013

417.- NO ES UNA PARÁBOLA, ES LA REALIDAD



417.- NO ES UNA PARÁBOLA, ES LA REALIDAD

 ‘A Dios no le interesa eso que te preocupa porque Él Es Dios, no lo necesita, aunque, estaba pensando, no le interesa porque vos no le importás, Él se preocupa por Él mismo, ¿Vos creíste que le importabas?, ¡Te equivocaste!, yo te digo estas cosas para abrirte los ojos, por tu bien, para que veas que a mí sí me importás’, dice el adversario a las almas sembrando su maldita cizaña.

 Quiere sembrar discordia, separarnos de Dios, imponer la duda, porque él mismo es la duda, entonces, si dudamos del Amor de Dios, él puede entrar en nuestra alma y devorarla como el cerdo zángano que es desesperado por alimentar su abismal panza ególatra.

 Nos escupe su ácido veneno y mas allá de las palabras o razonamientos que hace oír, que nos obliga a escuchar y soportar, el problema es que se echa encima el cedo y nos impone que lo aguantemos, llevemos, carguemos.

 Es mas pesado que una mosca, no deja de insidiarnos, no nos lo podemos sacar de encima, y por ello es que seguimos escuchando sus pensamientos que hace resonar como eco en nosotros.

 Como infunde su espíritu, nos transfunde su miedo, esa preocupación por sí, y es por ello que no podemos dejar de pensar obsesiva, angustiante y desesperadamente en lo que nos provoca miedo, no dejamos de pensar en nosotros mismos hasta caer en una histeria que resulta insoportable aun para nosotros mismos.

 Incluso a veces puede llegar a revelar la Verdad, pero, como acusación haciéndonos pesar su espíritu inundo e insoportable, humillándonos, despreciándonos, tratándonos como basura, denigrándonos, porque así es como fabrica o construye su pretendida altura, hundiéndonos en el abismo y parándose encima nuestro.

 También revela la verdad humillándonos porque se pone furioso al conocer nuestra miseria, incapacidad e inutilidad, es decir, viendo que no puede usarnos como quisiera, comprobando que no puede disponer de nosotros o lo que es nuestro o hay en nuestra vida-casa-corazón para su provecho, siendo como esos cerdos hijos suyos ladrones que odian a sus víctimas porque no tienen la riqueza que desean obtener robando.

 Cuando el adversario vomita su odio sobre nosotros, no debemos caer en el autodesprecio, porque nos golpea, humilla, doblega y es así como penetra en el alma, como entra en nuestra vida. No importa que lo que diga sea cierto, en su mismo escupirlo con veneno furioso, ardiendo de odio, demuestra que el frustrado, perdido e inútil es él.

 No debemos odiarnos con aquello que el adversario nos dice o da, porque es ahí donde estamos dejando que sus palabras venenosas como piedras calientas penetren en nosotros y nos destruyan.

 ‘Vos no te valorás a vos mismo, sos un infeliz, un idiota, tenés que hacer tal cosa, haceme caso a mí, yo te voy a llevar por el buen camino’, dice el adversario con su arrogancia, soberbia y pretendida grandeza o superioridad, acabando por probar que en realidad tiene un horrendo complejo de inferioridad.

 La verdad es que nos valoramos a nosotros mismos en verdad no cuando nos hacemos adorar, ver, reconocer, obedecer y servir como el adversario y los tontos que son como él, unos miedosos ególatras desesperados por evitar ser ignorados.

 Nos valoramos debidamente a nosotros mismos cuando buscamos a Dios, cuando hacemos un esfuerzo por obedecerlo, seguirlo, cuando discernimos Su Voluntad y continuamos esforzándonos para colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe en nuestra vida.

 ‘Yo en tu lugar haría tal cosa’, dice el adversario queriéndonos enseñar a vivir, a disponer de nuestra vida, y la verdad es que ya se torna demasiado insoportable, por ello debemos echarlo sin mas trámite, anatema con él.

 Con su ser mismo demuestra que es el menos indicado para dar un consejo, aunque, como ocurre con todos, aquellas personas que siempre están apuradas en dar un consejo son las mismas que jamás quieren recibirlo.

 Es el menos indicado para decirnos con nuestra vida, porque él perdió la vida, la desperdició y por ello es que ahora esta desesperado por meterse y ocupar nuestra vida, servirse de ella, quiere entrar en nosotros para estar en el mundo y no quedarse afuera de la creación.

 Comprender acá la importancia de recuperar nuestra vida, de echar al adversario, de dejar de ser orgullosos soberbios que se dedican a la egolatría.

 Realmente satanás y sus demonios están buscando cuerpos para entrar, por ello es que oprimen a las almas, las someten y se posesionan, pueden hacerlo porque las almas viven sin Dios y contra Él, porque practican la egolatría y el narcisismo, porque han preferido prescindir de Dios y Dios no se halla presente sino ausente en la creación.

 Tiene el adversario impunidad total en el mundo por un tiempo, por ello es que hace lo que quiere, pero a la vez, tienen las almas la oportunidad única de buscar a Dios, de abrir los ojos a la realidad cuando la están padeciendo, cuando satanás las esta atormentando como nunca.

 Realmente satanás y sus demonios han despoblado el infierno, se pasean sobre la tierra y buscan cuerpos que poseer, almas que oprimir, vidas en las que meterse para lograr de esta manera estar en la creación. No es ninguna parábola, no es una imagen ni algo representativo, los demonios entran en la vida-casa-mundo-corazón de las personas con seducción, engaño, intimidación, vicios o fuerza, y aquellas que no los rechazan, acaban por convertirse en esclavas.

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